domingo, 10 de octubre de 2010
Parecidos razonables... e inquietantes.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Los sermones de Fr. Antonio de Montesinos y los derechos humanos.

La característica fundamental de los sermones de fray Antonio de Montesinos cuya transcripción doy a continuación, es el haber sido el primer hito en la polémica sobre la justicia o injusticia de la conquista de América. Los mismos fueron pronunciados en un ambiente muy especial, la ciudad de Santo Domingo, capital de la isla entonces llamada La Española. "La despoblación de la española es, sin duda, una de las páginas más bochornosas de la conquista de América. Sería insensato tratar de negarlo u ocultarlo" (2), aunque sería injusto querer juzgar aquel proceso dramático con los criterios y categorías actuales.
Las represiones militares, el descenso de la natalidad, el sistema abusivo de explotación del indígena en el trabajo, sumados a la flaqueza y debilidad natural del mismo indígena fueron la causa del descenso demográfico vertiginoso que afectó a la población aborigen de Santo Domingo (3). Si bien la Corona en muchas ocasiones había dictado ya ordenanzas que miraban por el bien de los indios, las más de las veces estas ordenanzas eran tergiversadas o descaradamente desobedecidas. Será con la gran disputa y la agitación de las conciencias que ocasionaron los misioneros como se abrirá un verdadero proceso en búsqueda de una reconversión colonial, tendiente a humanizar y a regular según criterios de justicia las relaciones entre españoles y aborígenes en América. Los sermones que el dominico fray Antonio de Montesinos pronunció en aquel lejano adviento de 1511, y que el ardiente fray Bartolomé de las Casas nos reporta en su Historia de las Indias, son el preludio de ese proceso.
Llegado el domingo y la hora de predicar, subió al púlpito el susodicho padre fray Antón Montesino, y tomó por tema y fundamento de su sermón, que ya llevaba escrito y firmado por los demás: Ego vox clamantis in deserto. Hecha su introducción y dicho algo de lo que tocaba a la materia del tiempo del Adviento, comenzó a encarecer la esterilidad del desierto de las conciencias de los españoles de esta isla y la ceguera en que vivían; con cuánto peligro andaban de su condenación, no advirtiendo los pecados gravísimos en que con tanta insensibilidad estaban continuamente zambullidos y en ellos morían. Luego torna sobre su tema, diciendo así: "Para daroslos a conocer me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto, conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensasteis oír".
Esta voz encareció por buen rato con palabras muy punitivas y terribles, que les hacía estremecer las carnes y que les parecía que ya estaban en el divino juicio. La voz, pues, en gran manera, en universal encarecida, les declaró cuál era o qué contenía en sí aquella voz: "Esta voz, dijo él, que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto, que en el estado [en] que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo". Finalmente de tal manera se explicó la voz que antes tanto había encarecido, que los dejó atónitos, a muchos como fuera de sentido, a otros más empedernidos y algunos algo compungidos, pero a ninguno, por lo que yo después entendí, convertido. Concluido su sermón, bájase del púlpito con la cabeza no muy baja, porque no era hombre que quisiese mostrar temor, así como no lo tenía, si se daba mucho por desagradar los oyentes, haciendo y diciendo lo que, según Dios, le parecía convenir; con su compañero se va a su casa pajiza, donde, por ventura, no tenían qué comer, sino caldo de berzas sin aceite, como algunas veces les acaecía. Salido él, queda la iglesia llena de murmullo, que, según yo creo, apenas dejaron acabar la misa.
Puédese bien juzgar que no se leyó lección de Menosprecio del mundo a las mesas de todos aquel día. En acabando de comer, que no debiera ser muy gustosa la comida, júntase toda la ciudad en casa del Almirante, segundo de esta dignidad y real oficio, D. Digo Colón, hijo del primero que descubrió estas indias, en especial los oficiales del rey..., y acuerdan de ir a reprender y asombrar al predicador y a los demás, si no lo castigaban como a hombre escandaloso, sembrador de doctrina nueva, nunca oída, condenando a todos, y que había hablado contra el rey y su señorío que tenía en estas Indias, afirmando que no podían tener los indios habiéndoselos dado el rey, y éstas eran cosas gravísimas e irremisibles. Llaman a la portería, abre el portero, le dicen que llame al vicario, y aquel fraile que había predicado tan grandes desvaríos; sale solo el vicario, venerable padre, fray Pedro de Córdoba; le dicen con más imperio que humildad que haga llamar al que había predicado. Responde, como hombre prudentísimo, que no había necesidad; que si su señoría y mercedes mandan algo, él era prelado de aquellos religiosos y él respondería... Finalmente... comenzaron a blandear humillándose, y ruéganle que lo mande llamar, porque, él presente, les quieren hablar y preguntarles cómo y en qué se fundaban para determinarse a predicar una cosa tan nueva y tan perjudicial, en deservicio del rey y daño de todos los vecinos de aquella ciudad y de toda esta isla. Viendo el santo varón que llevaban otro camino e iban templando el brío con que habían venido, mandó llamar al dicho padre fray Antón Montesino, el cual maldito el miedo con que vino; sentados todos, propone primero el Almirante por sí y por todos su querella, diciendo que cómo aquel padre había osado predicar cosas en tan gran deservicio del rey y daño de toda aquella tierra... El padre vicario respondió que lo que había predicado aquel padre había sido de parecer, voluntad y consentimiento suyo y de todos, después de muy bien mirado y conferido entre ellos... Poco aprovechó el habla y razones de ella, que el santo varón dio en justificación del sermón, para satisfacerlos y aplacarlos de la alteración que habían recibido al oír que o podían tener los indios tiranizados, como los tenían...
Convenían todos en que aquel padre se desdijese el domingo siguiente de lo que había predicado, y llegaron a tanta ceguera, que les dijeron, que si no lo hacían, que aparejasen sus pajuelas para embarcarse e irse a España... Finalmente..., concedieron los padres, por despedirse ya de ellos y dar fin a sus frívolas importunidades, que fuese así en buena hora, que el mismo padre fray Antón Montesino tornaría el domingo siguiente a predicar y tornaría a la materia y diría sobre lo que había predicado lo que mejor le pareciese y, en cuanto pudiese, trabajaría por satisfacerlos... esto así concertado, se fueron alegres con esta esperanza.
Publicaron ellos luego, o algunos de ellos, que dejaban concertado con el vicario y con los demás, que el domingo siguiente de todo lo dicho se había de desdecir aquel fraile; y para oír este segundo sermón no fue menester convidarlos, porque no quedó persona en toda la ciudad que no se hallase en la iglesia... Llegada la hora del sermón, subido en el púlpito, el tema que para fundamento de su retractación y desdecimiento se halló, fue una sentencia del santo Job, en el cap. 36, que comienza: Repetam scientiam meam a principio et sermones meos sine mendatio esse probabo: "Tornaré a referir desde su principio mi ciencia y verdad, que el domingo pasado os prediqué y aquellas mis palabras, que así os amargaron, mostraré ser verdaderas". Oído este su tema, ya vieron luego los más avisados a dónde iba a parar, y fue harto sufrimiento dejarlo pasar de allí. Comenzó a fundar su sermón y a referir todo lo que en el sermón pasado había predicado y a corroborar con más razones y autoridades lo que afirmó de tener injusta y tiránicamente opresas y fatigadas a aquellas gentes, tornando a repetir su ciencia, que tuviesen por cierto no poder salvarse en aquel estado; por eso, que con tiempo se remediasen, haciéndoles saber que a hombres de ellos no los confesarían, más que a los que andaban asaltando, y que publicasen esto y escribiesen a quien quisiesen en Castilla; en todo lo cual tenían por cierto que servían a Dios y no chico servicio hacían al rey. Acabado su sermón, se fue a su casa, y todo el pueblo en la iglesia quedó alborotado, gruñendo y mucho más indignado con los frailes que antes... Peligrosa cosa es y digna de llorar mucho [la condición] de los hombres que están en pecados, mayormente los que con robos y daños de sus prójimos han subido a mayor estado del que nunca tuvieron, porque más duro les parece, y aun lo es, decaer de él, que echarse de grandes barrancos abajo... de aquí es tener por muy áspero y abominable oírse reprender en los púlpitos, porque mientras no lo oyen, les parece que Dios está descuidado y que la ley divina es revocada, porque los predicadores callan. De esta insensibilidad, peligro y obstinación y malicia, más que en otra parte del mundo, ni género de gente consumada tenemos ejemplos sin número y experiencia ocular en estas nuestras Indias padecer la gente de nuestra España.
Notas:
2. Luciano Pereña, La idea de justicia en la conquista de América, Madrid 1992, 16.
3. Cf. Id., 16-21
Foto: Monumento a Fr. Antonio de Montesinos en República Dominicana.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Napoleón Bonaparte nunca existió, es un mito.

Veamos sumariamente lo que se nos cuenta de aquel hombre maravilloso,
Se nos dice:
- Que se llamaba Napoleón Bonaparte,
- Que nació en una isla del Mediterráneo,
- Que su madre se llamaba Leticia.
- Que tuvo tres hermanas y cuatro hermanos, de los cuales tres fueron reyes.
- Que tuvo dos mujeres, y de una de ellas un hijo.
- Que tenía a sus órdenes dieciséis mariscales de su imperio, doce de los cuales estaban en activo servicio,
- Que puso término a una gran revolución,
- Que triunfó en el mediodía y sucumbió en el norte.
1.' Desde luego sabe todo el mundo que los poetas llaman al Sol Apolo, y la diferencia entre Apolo en francés -Apollon- y Napoleón no es grande, y aun queda mucho menor subiendo a la significación y origen de estos dos nombres. Ahora bien, Apolo es la misma palabra que Apoleón, y se deriva de apolluo o paoleo, dos verbos griegos, que significan perder, matar, exterminar; de manera que si el supuesto héroe de nuestro siglo se llamase Apoleón tenía el mismo nombre que el Sol, y cumpliría toda la significación de este nombre, pues nos lo pintan como el mayor exterminador de hombres que ha existido jamás. Pero este personaje se llamó Napoleón y, por consiguiente, hay en su nombre una letra inicial que no se halla en el del Sol, si por cierto, hay una letra más y aun sílaba, pues según las inscripciones grabadas en varios puntos de la capital, y señaladamente en la columna de la piaza Vendême, el verdadero nombre del héroe era Napoleón. Más esta silaba no constituye diferencia alguna, porque es griega como el resto del nombre, y en griego ne y nai es una de las mayores afirmaciones, lo cual pudiéramos expresar con el adverbio verdaderamente exterminador, verdadero Apolo, verdadero Sol.
¿Y qué diremos de su segundo nombre? ¿Qué relación puede tener Bonaparte con el astro del día? No se presenta tan a primera vista, pero se entiende desde luego que el significado Bonaparte, buena parte, se trata de alguna cosa que tiene dos partes, una buena y otra mala y que, además, debe tener cierta conexión con el Sol. Pero nada tiene conexión mas directa con el Sol, que los efectos de su revolución diurna, y estos efectos son el día y la noche, la luz y las tinieblas, la luz que produce su presencia y las tinieblas que prevalecen mientras se halla ausente.
Esta alegoría está tomada por los persas: tienen el imperio de Ahura Mazda y de Ahriman, el imperio de la luz y la oscuridad, el imperio de los espíritus buenos y malos. Y son estos dos, estos espíritus del mal y la oscuridad, que la gente utiliza para invocar y maldecir con la expresión 'Abi en malam partem ". Si por "malam partem" se entiende la oscuridad, no hay duda de que hay que decir que de buena parte , "bona parte",hace referencia a la luz - es decir, al día, a diferencia de la noche. Así que no se puede dudar de que este nombre tiene vínculos con el sol, especialmente cuando uno lo ve asociado a Napoleón, que es el mismo sol, como hemos demostrado.
2.' Apolo, según la mitología griega, nació en una isla del Mediterráneo -en la de Delos- y a Napoleón se le ha hecho nacer en otra isla del mismo mar, prefiriendo la de Córcega, porque la situación de ésta con respecto a Francia, en que se ha querido que reinase, es la más análoga a la de Delos respecto a Grecia, donde tuvo Apolo sus principales templos y oráculos. Es verdad que Pausanias concede a Apolo el título de divinidad egipcia, pero para esto no era necesario que hubiese nacido en Egipto, bastando que en este país se le mirase como Dios, que es, sin duda, lo que Pausanias ha querido decirnos; y aquí tenemos una nueva coincidencia entre Napoleón y el Sol, pues se cuenta que en Egipto miraron a Napoleón como un ente sobrenatural, amigo de Mahoma, y hasta le tributaron adoraciones.
3.' Supónese que su madre se llamo Leticia, pero es claro que bajo el nombre de Leticia, que quiere decir alegría, se ha querido designar la Aurora, cuya luz naciente esparce la alegría por toda la naturaleza, la Aurora, que precede al Sol, abriendo, como dicen los poetas, las puertas de Oriente con sus dedos de rosa. Es también muy notable que según la mitología griega, la madre de Apolo se llamó Leto; así como Leto, hicieron los romanos Letona, madre de Apolo y de Diana, los modernos han hecho Leticia, que es el sustantivo del verbo loetor o del inusitado loeto, que quiere decir "inspirar alegría". Es, pues, evidente que esta Leticia está tomada, como su hijo, de la mitología griega .
4.' Según se cuenta, este hijo de Leticia tenía tres hermanas, y es indudable que estas tres hermanas son las tres Gracias, que con sus compañeras las Musas, formaban el adorno y encanto de la corte de su hermano Apolo.
5.' Añaden que este moderno Apolo tuvo cuatro hermanos, pero estos cuatro hermanos, no son otra cosa que las cuatro Estaciones, como vamos a probar. Dícese que de los cuatro, tres fueron reyes, y estos tres son la primavera, que reina sobre las flores, el estío que reina sobre las mieses, y el otoño que reina sobre los frutos; y como estas tres estaciones dependen directamente del influjo del Sol, se nos dice que los tres hermanos de Napoleón recibieron de este el poder, y solo reinaron por él. Cuando se añade que de los cuatro hermanos de Napoleón, uno no fue rey, es porque de las cuatro estaciones del año, hay una, el invierno, que sobre nada reina.
Si para debilitar la fuerza de nuestro paralelo, se quisiese decir que el invierno no deja de tener su imperio, y se le atribuyese el triste principado de las nieves y de los hielos, responderíamos, que eso precisamente es lo que se nos ha querido indicar con el vano y ridículo principado que se supone concedido a este hermano de Napoleón, después de la decadencia de toda su familia, principado que se ha querido unir al pueblo de Canino, porque Canino viene de cani, que significa las canas de la fría vejez y recuerda el invierno; tanto más que, según el lenguaje de los poetas, los arboles que se hallan en la falda de los montes, son su cabellera, y cuando el invierno los cubre con sus escarchas, son las canas de la naturaleza desfallecida en la vejez del año.
Cum gelibus crescit canis in montibus humor.
6.' Según las mismas fábulas, Napoleón tuvo dos mujeres y otras tantas se han atribuido al Sol; estas fueron la Luna, según los egipcios; pero con la diferencia notable que de la una, es decir, de la Luna, no tuvo posteridad el Sol, y de la otra tuvo un hijo único que fue Horo, hijo de Osiris y de Isis, es decir, del Sol y de la Tierra.
7.' Dícese que Napoleón puso coto a un azote devastador, que llenaba de terror a toda Francia, y a quien se llamó la "Hidra de la revolución". Ahora bien, una hidra es una serpiente, y poco importa el género a que pertenece, sobre todo cuando se trata de una fábula. Es la serpiente Pitón, dragón monstruoso que llenaba Grecia de terror, y que fue muerto por Apolo, por lo que se nos dice que Napoleón empezó su reinado ahogando la Revolución francesa, tan quimérica como todo lo demás, pues es claro que la palabra "revolución" esta tomada de la palabra latina revolvo que indica la posición de una serpiente enroscada; de modo que es Pitón y nada más.
8.' El célebre guerrero del siglo XIX dicen que tenía al frente de sus ejércitos doce mariscales del Imperio, y cuatro que no estaban en ejercicio. Los doce primeros significaban claramente los doce signos del zodiaco, marchando a las órdenes del Sol Napoleón, y mandando cada uno una división del innumerable ejército de las estrellas, dividido en doce partes correspondientes a los doce signos; y los otros cuatro son probablemente cuatro puntos cardinales, que inmóviles en medio del movimiento general, representan muy bien la inactividad de que se trata. De modo que estos mariscales, tanto activos como inactivos, no son otra cosa que entes simbólicos sin más realidad que su jefe.
9.' Dícese que este jefe recorrió gloriosamente los países del mediodía, pero que habiendo penetrado demasiado en los del norte no pudo mantenerse en ellos. Todo esto caracteriza perfectamente la marcha del Sol, pues es sabido que este domina soberanamente en el mediodía; pero lo más notable es que después del equinoccio de la primavera, trata el Sol de internarse en las regiones septentrionales, alejándose del ecuador, y al cabo de tres meses de marcha encuentra el trópico boreal que le obliga a retroceder hacia el mediodía, siguiendo el signo de Cáncer, de aquí ha nacido la imaginaria expedición de Napoleón a Moscú, y la humillante retirada que tuvo por resultado.
10.' Por último, el Sol nace en Oriente y se pone en Occidente, como todos saben. Pero respecto a los espectadores colocados en el extremo de la Tierra, parece que el Sol sale por la mañana de los mares orientales, y se pone por la tarde sumergiéndose en los occidentales. Así nos pintan los poetas su nacimiento y puesta, y así debemos entender lo que se nos dice de que Napoleón vino por el mar de Oriente, esto es, de Egipto, para reinar en Francia, y que desapareció en los mares de Occidente, después de haber reinado doce años, que no son otra cosa que las doce horas del día que brilla el Sol sobre el horizonte.
Solo ha reinado un día, dice hablando de Napoleón el autor de las Nuevas Mesenianas, y el modo con que describe su elevación, descenso y caída, prueba que aquel encantador poeta, no ha visto en Napoleón, como nosotros, sino una imagen del Sol, pues no es otra cosa, como lo demuestran su nombre, el de su madre, sus tres hermanas, sus cuatro hermanos, sus dos mujeres, su hijo, sus mariscales y sus hazañas; el lugar donde nació, el sitio de donde vino a entrar en la carrera de la dominación, el tiempo que empleo en recorrerla, los países en que imperó, los puntos en que tuvo que sucumbir, y la región donde desapareció pálido y destronado después de su brillante carrera, como dice el poeta Delavigne.
Queda, pues, demostrado, que el supuesto héroe no es más que un personaje alegórico cuyos atributos son tomados del Sol y, por consiguiente que Napoleón Bonaparte, de quien se han escrito tantas cosas, no ha existido, pues el error nace en que se ha incurrido en un quid proquo, a saber, de que se ha tomado por historia la mitología del siglo XIX.
Si han tenido mis lectores a bien leer este post hasta aquí les debo recompensar con una explicación del mismo:
En el s. XIX, en pleno racionalismo historicista, se comenzó a dudar de la historicidad de la figura de Jesús, comenzando las hipótesis del mito y la alegoría ( Bultmann, Strauss... ) Todo esto en el presente está más que superado por infinidad de estudios interdisciplinares pero, ya en aquella época, comenzaron las respuestas eruditas a semejantes argumentaciones, no es mi intención hacer un recorrido ahora por las mismas, sino traerles aquí una respuesta con mucho humor, la del Sr. Jean-Baptiste Pérès.
Este señor, que era profesor de matemáticas y de física, magistrado y conservador de de la biblioteca municipal de la ciudad francesa de Agen, cansado de las inconsistentes teorías sobre Jesús que pretendían pasar por eruditas (revistiéndolas con un lenguaje técnico y rimbombante), hizo lo propio y en 1835 publicó un opúsculo famoso que se reeditó más tarde con el subtítulo primero y luego el título "Comme quoi Napoléon n´a jamais existé", en castellano " De cómo Napoleón nunca existió".
Espero que hayan disfrutado tanto como yo de esta obrita y perdonen la traducción. (La pueden encontrar en francés e inglés en internet).
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Cronología del Siglo III
CÉSARES ROMANOS | PAPAS | HISTORIA de los Primeros Cristianos |
198/211 | 199/217 | 200/220 Tertuliano escribe contra paganos, gnósticos y marcionitas |
211/212 |
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212/217 | 215/219 Orígenes abandona Alejandría | |
217/218 | 217/222 |
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218/222 | 220 Concilio de Cartago | |
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222/235 | 222/230 | 225/230 Escritos de Orígenes, deja Alejandría por Cesarea
233/244 Plotino se establece en Alejandría |
230/235 | ||
235/238 | 235/236 | 235 Persecución contra los jefes cristianos
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236/250 | ||
238 | ||
238 | ||
238 | ||
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238/244 |
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244/246 | ||
246/249 | 248 Matanza anticristiana en Alejandría | |
249/251 | 251/253 | 250/251 Cipriano huye de Cartago |
251 | 251 El concilio reinstala a Cipriano: el problema de los lapsos | |
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252/253 |
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253 | 253/254 | 254 Muerte de Orígenes |
253/254 | ||
254/260
| 254/257 | 255/257 Controversia sobre el rebautismo |
257/258 | ||
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259/268 | ||
260/268 | ||
268 |
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268/270 | 269/274 |
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270/275 |
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275/283
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275/276 |
| |
276 |
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276/282 |
| |
283/284 | 283/296 |
|
284/285 |
| |
285/286 |
| |
286/293 |
|
|
293/305 |
| |
296/304 |












